La historia inicia con un personaje llamado Francisco Ferrer Guardia, quien con sus grandes ideales funda en Barcelona (España) la escuela denominada “Escuela Moderna”. La idea de fundar una institución de este tipo es sacar al niño de esas cuatro paredes que tanto ha detestado, ese lugar llamado “salón de clases”.
Las ideas de Ferrer Guardia fueron de liberar a los alumnos en cuanto a sus pensamientos, haciéndolos responsables de sus conocimientos y aprendizajes, pero obviamente no se trata simplemente de dejar al alumno, porque entonces toda la escuela se convertiría en un caos, un lugar sin orden, en este caso se trata de guiar al alumno en su camino hacia el “saber”, es decir, el maestro solo debe ser un mediador y evitar los dogmas, no solo en el momento de estar frente a los alumnos, sino en todo momento, porque el alumno también enseña con el ejemplo.
Los conocimientos que se adquirían en la escuela moderna estaban también basados en conocimientos científicos, teóricos y prácticos, pues contaban con una biblioteca escolar para cualquier necesidad y para culminar con la práctica, solían salir de los salones de clases para aprender un poco de la naturaleza que los rodeaba, siempre siguiendo su lema “ayúdame a aprender”.
Como siempre suele suceder, se valoran las cosas una vez que el fundador deja de existir, tal como sucedió en este caso. El fundador de la escuela moderna en España, fue fusilado debido a sus ideas e intenciones de liberar a los hombres. Es entonces cuando las ideas de este personaje tan importante comienzan a salir y llegan a México justo en el momento que se daba la Revolución Mexicana, un movimiento para nuestro país.
El profesor José de la Luz Mena fue uno de los que defendió la escuela moderna, mejor conocido en este país como “Escuela Racionalista”, con las mismas ideas que la escuela de España, haciendo a los hombres libres en su pensamiento y a la vez enseñándoles oficios muy útiles para la vida.
En mi opinión: considero que este tipo de escuela se conoce desde hace tiempo, en su momento no fue tomado con la importancia debida y por lo mismo su práctica no se extinguió. Ahora se conoce las ideas de la escuela pero es muy difícil de aplicarlo, debido a que los maestros no tienen esa idea de ayudar al alumno como verdaderamente este lo requiere, los maestros se limitan a cumplir lo que la curricula contiene y de ahí nada mas. Por otro lado los padres de familia no están informados acerca de la nueva forma de educar y se encuentran acostumbrados al tradicionalismo, cuando alguien quiere hacer algo nuevo siempre tienen la idea de que es algo negativo. A demás de que a los políticos y grandes empresarios no les conviene que las personas estén informadas, por eso tienen a un gran aliado conocido por todos “la televisión”. Esto impide al desarrollo de la educación y por lo mismo la actitud de los hombres.
lunes, 28 de diciembre de 2009
lunes, 7 de septiembre de 2009
LAS ESCUELAS RUDIMENTARIAS
Antes de la Revolución en el país mexicano existía una filosofía muy discriminatoria hacia los campesinos y personas del campo, a pesar del gran trabajo que realizan cotidianamente para que no falte el pan de cada día.
Para el año de 1912, en virtud de una Ley Federal dictada en el año anterior, comenzaron a aparecer las primeras escuelas destinadas al campo. En estas escuelas solamente se enseñaba a hablar, leer y escribir el idioma castellano y a ejecutar las operaciones fundamentales y usuales de la aritmética. Es entonces cuando se crea la Ley Federal de Instrucción Rudimentaria. Las escuelas nacidas en virtud de esa ley se llamaron escuelas rudimentarias porque en realidad, solo habían sido concebidas para alfabetizar e impartir los rudimentos de la instrucción. Después algunos maestros comenzaron a denominarlas irónicamente escuelas de peor es nada, porque es claro que peor era que en las áreas rurales no hubiera habido escuelas de ninguna clase.
En esta ley se consideraba lo siguiente: enseñaran a hablar, leer y escribir el castellano y a ejecutar las operaciones fundamentales y usuales de la aritmética, se impartirían las clases a dos cursos a lo sumo, no era obligatoria y se impartiría a quienes asistan, sin distinción de edad ni sexo, distribuir alimentos y vestidos a los educandos que los necesitaran en medida de la posibilidad del gobierno.
Pero ésta no era la escuela que el indio y el mestizo de las áreas rurales necesita, porque con ella y sin ella la vida de miseria y de incultura que llevaba seguía permaneciendo en el mismo plano inferior en que se encontraba.
Por tal motivo se realizó una encuesta a varias personas de diferentes profesiones acerca del tema de las escuelas rudimentarias, tal encuesta resultó sumamente interesante, pues enriquece ampliamente en todas sus direcciones cardinales el concepto de la escuela que debería ponerse en lo porvenir al servicio de la población rural, india o no india, del país.
Algunos dijeron que lo que se necesitaba era educación y no instrucción, otros mas opinaron que no se comenzara la tarea de crear escuelas sino hasta cuando estuvieran listos los maestros competentemente preparados en las escuelas normales rurales y, una opinión mas era de que los maestros destinados a las regiones indígenas hablaran los idiomas que ahí mismo se practican.
Esto daba paso al mejoramiento de las escuelas y la educación en lugar de una simple instrucción, de igual manera al incorporamiento de otras asignaturas al plan de estudios.
Alumno Normalista: Luís Alberto Maldonado Rojas
LOS NÚMEROS FAVORECEN A LAS MINORIAS
Durante esta época existían las escuelas mixtas o de turnos, en donde se atendía a los niños por separado de las niñas, uno de los sexos primero y después los otros, también existían las escuelas rurales o de tercera clase, además de las que se daba en las haciendas o ranchos. Durante esta etapa las escuelas se expandieron por todo el territorio mexicano, tanto en las zonas urbanas como en el campo se hicieron presentes los maestros, tal vez no de forma equilibrada, ya que en las primeras por cada 500 habitantes se pretendía instalar una escuela para cada sexo, en caso de no ser posible por lo menos establecer una escuela mixta, para aquellas poblaciones de menor número de habitantes se establecerían la enseñanza elemental por medio de maestros ambulantes. Para las haciendas se hizo obligatoria la alfabetización de su población a través de escuelas. Pero no había una seguridad de que realmente se cumpliera con todo esto, ya que para muchos padres de familia era mas útil la presencia del infante en el campo, pues de esta manera ayuda en la situación económica tan difícil de esos tiempos.
Para esos tiempos también se creía en una instrucción en lugar de una educación, por lo tanto solo se enseñaba a leer, escribir y contar; posteriormente Rebsamen propone que lo que se debe de impartir es la educación y solo quedarse en conocimientos técnicos sino que retoma la ciencia, la educación social y los valores, es en este momento donde la manera de enseñar toma un nuevo camino hacia un mejoramiento del aprendizaje, a través de plan y programas, logrando competencias.
Alumno Normalista: Luís Alberto Maldonado Rojas
martes, 1 de septiembre de 2009
LA SITUACIÓN DEL MAGISTERIO DURANTE LA REVOLUCIÓN
La Revolución Mexicana de 1910, impacta de alguna manera el proyecto educativo, así como a todos los sectores de la población de México, particularmente en lo que se refiere a la centralización de la enseñanza primaria y a los esfuerzos que pretendían homogeneizar al magisterio mediante la unificación de los planes de estudio en la enseñanza normal.
Durante ese tiempo algunas escuelas fueron sometidas a intensas presiones por los conflictos políticos, que en ocasiones tuvieron que terminar clausurando por varios meses o años.
La participación de los maestros en este movimiento también fue muy diversa, algunos fueron victimas de la política y padecieron desde el retraso temporal o indefinido de sus sueldos hasta el cese por haber colaborado con el enemigo, otros participaron al lado de algunos grupos revolucionarios como: ideólogos, escribanos, secretarios y consejeros de los jefes, organizadores y dirigentes de campesinos y obreros.
Muchos maestros llegaron al D.F. en busca de mejores horizontes profesionales para ponerse a salvo de los conflictos y la violencia que se desataba en sus lugares de origen o siguiendo a los jefes revolucionarios que ocuparon la cuidad de México en cada una de las etapas de la Revolución.
Las escuelas normales, al igual que el conjunto del sistema escolar trasmitieron y reprodujeron los valores del orden; por otro lado, fueron transmisores de los valores de cambio. El comportamiento político de los estudiantes y maestros de las normales también fue muy diverso, e incluso a veces contradictorias. Lo cierto es que los maestros en servicio, normalistas o no, fueron transformados por la Revolución.
Desde la infancia, los mexicanos sabemos que los maestros fueron a la Revolución, no hubo estado o grupo revolucionario que no contara en sus filas con mas de un maestro.
Una de las mayores dificultades para valorar la magnitud y el sentido de la participación del magisterio en la Revolución es que se trata del grupo profesional más numeroso, con la mas extensa distribución geográfica en el país y con una mayor heterogeneidad social, profesional y económica, esa puede ser una gran razón por la cual se pudo contar con la participación significativa de éstos. Por otro lado, también se comenta que los maestros del centro y del sur del país se incorporaron al movimiento hasta después del triunfo de éste, un claro ejemplo de esto es en el Distrito Federal, los maestros gozaban de mayor estabilidad, tanto en el empleo como en el pago de sus sueldos, que el resto de sus compañeros en el país.
Cuando Madero llegó a la presidencia, los maestros del D.F. expusieron al presidente que ellos no asistieron a la Revolución, pero contribuyeron en ella con su desempeño como docentes y, que no fueran castigados, ya que ellos son el factor para lograr el orden y la paz. Cuando Huerta llega al poder, casi todos los maestros del D.F. continuaron en el servicio. Los cambios más radicales en el magisterio de este estado se dieron después de la caída de Huerta.
En realidad, la mayoría de los maestros de la capital de la republica no fueron a la Revolución, por el contrario fue la Revolución la que llegó a la cuidad de México, ocupada sucesivamente por cada uno de los grupos armados que se disputaban el triunfo revolucionario.
La universidad y la normal coincidían en la tarea de formar profesionistas, solo que se diferencian en el tipo de profesionistas que debían formar. Mientras que la normal formaba profesores de educación primaria elemental y superior, la universidad lo hacia para que enseñaran en sus propias escuelas.
Por esa razón los normalistas y los universitarios presentaban pugnas en torno a la educación media. La disputa por la educación media se planteó por primera vez en el seno de la Junta Superior de Instrucción Publica. A veces la disyuntiva era si las normales debían formar parte de las universidades y de los Institutos de Ciencias y Artes de los estados.
Algunas instituciones de educación superior cedieron a las presiones políticas del momento y aceptaron que se integraran las escuelas normales y que el titulo de profesor de educación primaria fuera equivalente al de los estudios secundarios o preparatorianos.
Cuando buscan afirmar su identidad profesional, los normalistas no quieren que se les confunda con los universitarios.
La Revolución provocó una mayor inestabilidad en las condiciones de trabajo, se aumentó la participación directa de los maestros, directores e inspectores escolares en la integración en la toma de decisiones de los órganos colegiados.
La Revolución igualmente estimuló, directa e indirectamente la formación de asociaciones magisteriales, ya no solo de carácter pedagógico y mutualista sino con fines sindicales y políticos.
Con el transcurso del tiempo se funda el primer sindicato de maestros en el D.F., los congresos pedagógicos recogen demandas profesionales y laborales, y se inician las primeras huelgas magisteriales en Monterrey (1915), D.F. (1915 y 1919) y en Veracruz (1919), de la misma forma se le brindó mayores oportunidades al magisterio para arribar a posiciones políticas que prácticamente tenían vedadas hasta 1910.
Alumno Normalista: Luis Alberto Maldonado Rojas
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